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El 16 de julio se realizó la tercera sesión del ciclo de charlas sobre temas fundamentales de la historia de Tucumán, organizado por el Centro de Investigaciones Tucumán de la Fundación Federalismo y Libertad. En esta ocasión, los expositores invitados fueron los historiadores Facundo Nanni (UNT) y Esteban Brizuela (UNSE) quienes dialogaron en base a un tópico común que se tituló: “La República de Tucumán de 1820” ¿Un experimento político?

Para empezar, Brizuela inició la conversación analizando el contexto en el que se produjo el nacimiento de la República del Tucumán en 1820, conformada por los territorios de las actuales provincias de Tucumán, Santiago del Estero y Catamarca, luego de la caída del Directorio y el gobierno revolucionario central tras la derrota del director Rondeau a manos de los caudillos Ramírez y López en la batalla de Cepeda en febrero de 1820. Ese momento histórico es conocido popularmente como la “Anarquía del año 20” para hacer referencia al proceso de disolución del gobierno central y la ausencia de un gobierno común que nucleara a los diversos territorios y pueblos, del ex virreinato del Rio de la Plata, que habían declarado su independencia en 1816 y aún eran parte del proceso revolucionario iniciado en 1810. Sin embargo, el expositor también remarcó que ese periodo ya no debe interpretarse en clave de anarquía, ya que, en las últimas décadas, la historiografía mostró que en esos años las provincias vivieron un proceso de organización e institucionalización política muy fuerte que consolidó su autonomía y poder. Por ello, es que este periodo también se conoce como “el momento de las provincias”, ya que en esa etapa nacieron y se consolidaron la mayoría de las 14 provincias históricas. En este contexto, aparecieron una serie de “experimentos” político/institucionales como la República del Tucumán y la República de Entre Ríos en 1820, cuya razón de ser no fue establecerse como países independientes, sino desarrollar autonomía dentro de un proyecto común de organización nacional que aún estaba por construirse luego de la caída del Directorio.

Teniendo en cuenta el contexto histórico particular en el que nació la República del Tucumán, Facundo Nanni señaló la necesidad de no apelar a anacronismos para analizar procesos que son propios del siglo XIX. En relación a ello, subrayó que si bien las/los historiadores y lectores estudian la historia desde el presente, para este caso puntual no se pueden usar conceptos como sistema de partidos, partidos de masas y democracia liberal para describir y comprender la “República del Tucumán”. En ese momento del siglo XIX, República era considerada y entendida como oposición a Monarquía, y Bernabé Araoz, fundador de la República del Tucumán, no estaba pensando en el modelo francés ni norteamericano de República, sino, más bien, en experiencias concretas y cercanas como la de Artigas y los pueblos libres y en sentidos más asociados al republicanismo clásico y la idea de virtud cívica. La República del Tucumán fue una experiencia pionera, ya que estableció una división de poderes entre un Presidente Supremo (que fue Bernabé Araoz), un Poder Legislativo en la Sala de Representantes y una Corte Suprema como Poder Judicial. Además, Nanni rememoró que en la República del Tucumán se hizo la primera experiencia provincial de dictado de una Constitución, la primera experiencia de extinción del Cabildo y la utilización del uso de la prensa para publicar manifiestos y proclamas políticas.

Para finalizar, ambos expositores enfatizaron en la brevedad de esta experiencia política que duró poco más de un año y que empezó su disolución con la declaración de la autonomía de Santiago en abril de 1820 y la separación de Catamarca en agosto de 1821. A su vez, recordaron la importancia del tucumano Bernabé Araoz como arquitecto del entramado de la República y del santiagueño Felipe Ibarra como el impulsor principal de la declaración de la autonomía de su provincia. En este sentido, los dos investigadores analizaron como en sus respectivas provincias, ambos personajes tienen actualmente una valoración distinta en la memoria histórica de sus sociedades y en la forma en que ambos estados provinciales apelan a su memoria a través de los usos públicos de la historia. Mientras que en Santiago del Estero la figura de Ibarra es reivindicada y valorada especialmente desde la década de 1960, en Tucumán aún no existe un culto cívico hacia Bernabé Araoz; e incluso puede decirse que todavía no está del todo claro cuál es el “prócer tucumano” que le memoria histórica provincial debería reivindicar.

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