Federico González Rouco* 
Desde que cambio el gobierno, el segundo semestre se usa como depósito de esperanzas, como justificación de las correcciones en distintos sectores y como primera causa de crítica desde la oposición, ya que aducen que no se perciben los cambios prometidos. Ahora bien, ¿Qué representa el segundo semestre? ¿Qué dicen las expectativas sobre el segundo semestre?

La comunicación del actual gobierno, en cuanto a las políticas económicas, se basó en dos pilares: Explicar porqué había que hacerse lo que, luego, se terminó haciendo y dar esperanza sobre lo que venía. La “herencia” debía ser explicada porque los problemas eran estructurales y no tan visibles, por lo que era imperativo hacerlos visibles. De ahí que Presidencia de la Nación publiqué la auditoría de lo encontrado bajo el nombre “El estado del Estado”. El objetivo era algo así como decir: “Miren lo mal que estaba todo en el momento en el que lo encontramos. Por esto es que debemos corregir tarifas, retenciones, cepo, etc.”.

El segundo pilar consta en dotar a la población de esperanza. La idea subyacente es desplazar a lo que estaba sucediendo de la agenda. Es decir, que se hable de lo que iba a venir y de lo que había pasado… No de lo que estaba pasando. Esto parece haber resultado, dado que las encuestas sobre opinión pública no le fueron tan negativas al oficialismo y que diversos hechos de corrupción reforzaron la idea de que hacía falta un cambio, el cual nunca es gratis. A su vez, las expectativas económicas son altamente positivas para lo que viene y aquí es donde me gustaría detenerme.

El segundo semestre comenzó hace pocos días pero dura cerca de 180. El objetivo es que en este tiempo, la economía pueda remontar, generar empleo, inversiones y bajar la inflación, al tiempo que se estabilizan las expectativas de devaluación. Según el último informe del Banco Central de la República Argentina (BCRA), esto parece ser lo que la gente piensa que pasará.

El primer punto, y quizá el más importante por su impacto en el consumo y en los medios, es la inflación. Las expectativas son fuertemente decrecientes, llegando al 1,6% mensual para el país en su conjunto y 1,7% para el gran Buenos Aires. A su vez, se percibe este semestre como el primero de varios de reducción de la inflación: Si bien se prevé que este año termine con cerca de 40%, la inflación de los próximos doce meses (junio a junio) se espera en casi la mitad, 22,5%. Por otro lado, para 2017 se prevé aún menores aumentos de precios, quedando por debajo del 20% y, entre junio 2017 y junio del 2018 ya se espera una inflación de cerca del 15,9%. Es decir, más allá de los números, que son solo proyecciones, lo importante es ver que la baja de la inflación es una realidad en términos de expectativas, factor clave para analizar qué pasará con los precios.

En segundo lugar, la actividad económica también está pensada como en su peor momento pero con repuntes de aquí en más. La tasa de interés, principal motor de la inversión, iría a la baja casi constante en el próximo año y medio, lo que impulsa fuertemente a la creación de puestos de empleo. Esto se aplica a la tasa de interés nominal pero, también, a la tasa de interés real (luego de ajustar por inflación), lo que implica que la tasa de interés caería más que la inflación. En términos más concretos, esto se verá reflejado en una recuperación de la actividad económica, con foco en el último trimestre y, especialmente, en 2017, cuando se espera un repunte de más de 3%. Por último, las expectativas de devaluación están estables, proyectando un dólar en poco más de $16 para fin de año.
En resumen, la herencia va a seguir estando porque corregir 12 años en seis meses no es posible. Tampoco es posible hacer que una economía con muchas trabas impositivas y regulatorias repunte sin cambios en estos aspectos. Salir del cepo, reducir o eliminar retenciones y otros impuestos son de las primeras medidas que permiten pensar en una recuperación económica sostenible. Sin embargo, nada que tenga impacto en el largo plazo fue hecho de un día para el otro. La recuperación de la economía y del nivel de vida, al menos en las expectativas, ya estaría llegando con el segundo semestre como punto de partida pero no de despegue.

*Economista, ganador de la segunda edición del concurso de ensayos “José Ignacio García Hamilton” organizado por Federalismo y Libertad.

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