Por Iván Ponce Martinez*
Quienes sostienen que no hay una relación directa entre libertad política y libertad económica, afirman que puede existir una sin la otra 

o al menos podrían existir ciertas limitaciones en alguna de ellas sin consecuencias para la otra.Así muchos autodenominados liberales apoyaron regímenes autoritarios – o incluso dictaduras militares- que afectaban las libertades políticas, de expresión, de asociación e incluso las íntimas porque se garantizaba el funcionamiento libre del mercado. Por otro lado, hay quienes impulsan – en general desde la socialdemocracia o el populismo– medidas que afectan la libertad económica mediante excesivas regulaciones, el crecimiento del Estado a través de expropiaciones o constitución de monopolios – diciendo que no se afectan las demás libertades.

Si bien durante un período de tiempo limitado esto puede ocurrir, las tensiones se disparan y la libertad se impone o es derrotada en todos los ámbitos. Así, una dictadura que permite libertades económicas a la larga se ve enfrentada a actores que, beneficiados por el crecimiento económico, reclaman el fin de las trabas políticas, que a su vez afectan a la actividad económica. En esa lucha, o los ciudadanos logran avances frente al régimen o éste limita las libertades económicas para mantenerse en el poder. Un gobierno que garantiza las libertades políticas pero día a día limita las económicas va a terminar usando su poder en la economía – determinando quien merece un subsidio o un permiso para exportar o importar – como eligiendo quienes son los proveedores de un Estado cada vez más grande con criterio político, afectando el libre juego de la democracia.

Ejemplo claro es nuestro país. La libertad política y civil que existe- nadie va a ir preso por sus opiniones, ningún medio es clausurado ni censurado – es enturbiada cuando el principal anunciante publicitario es el Estado, en forma directa o a través de las numerosas empresas que controla, y las empresas privadas son pasibles de presión para elegir donde publicitar pues para operar dependen de autorizaciones, transferencias, concesiones y prebendas, debiendo muchas veces esperar una firma que libere fondos necesarios para sobrevivir. La libertad de prensa es acorralada desde lo económico.

Anunciar en un medio o programa opositor o independiente se transforma en un desafío político; hasta las simples opiniones volcadas por un particular en las redes sociales pueden dificultar el acceso al principal empleador, el Estado, o a las múltiples empresas que de él dependen. La libertad de las opiniones políticas se ve disminuida cuando éstas pueden condicionar el acceso al mercado del trabajo y de los negocios

No digo que haya una relación mecánica; otros factores intervienen como el grado de transparencia en el manejo de los recursos públicos y la calidad institucional; sin caer en excesos o dogmatismos, afirmo que un sistema donde predomine la libertad económica y la iniciativa privada es un ámbito confortable para la libertad política.

*Miembro del Consejo Consultivo de Federalismo y Libertad.

 

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