Por Exequiel Santiago Pérez López

Una ciudadanía atenta a las medidas que toma el gobierno en su función de administrar la hacienda pública. Dispuesta a manifestarse contra aquello que atente contra su libertad, su patrimonio o incluso su vida, es fundamental para mantener sano el sistema democrático, haciendo uso de libertad garantizada por la república y la igualdad ante la ley.

Durante esta cuarentena, en Santiago del Estero se dieron diferentes situaciones que generaron el descontento de los santiagueños, entre ellas la violencia institucional de la policía y el ahogo e incomprensión al sector privado, en especial a las Pymes independientes de toda prebenda o privilegio estatal, por parte del ejecutivo provincial.

Santiago del Estero, pueblo caracterizado como “sumiso”, ya dio la nota en 1993  cuando se produjo el “santiagueñazo”, como desenlace intempestivo al descontento social, con el ataque a edificios públicos en protesta al incumplimiento en el pago de salarios a los empleados de la administración pública.

El actual gobernador ha aprendido del pasado, es por esto que durante sus diferentes gestiones, se preocupó y preocupa para que la administración pública obtenga su remuneración en tiempo y forma, para evitar cualquier tipo de rebelión o hecho parecido al de 1993.

Hoy en día la situación es diferente, el nivel de actividad y la recaudación mundial se redujo. En Argentina y en la provincia la caída fue particularmente drástica producto de una cuarentena excesivamente estricta que restringió libertades de manera inconstitucional. Sumado a la desconsideración hacia el sector privado, en particular pequeños productores y comerciantes, como gimnasios, peluquerías, gastronomía, y muchos más. Es que empresarios, emprendedores y gente que apoya su reclamo se sumaron en numerosas marchas, que ninguno de los medios locales, sean audiovisuales o escritos, se hicieron eco.

Finalmente, la seguidilla de protestas y caravanas, con bocinazos frente a la casa del gobernador parecen tener resultado, pues el domingo último el gobernador de la provincia anuncio la reapertura de peluquerías y convocatoria a las diferentes cámaras, convenientemente el día miércoles, jornada característica de protestas, convocadas en la plaza Libertad y con la casa de gobierno como destino final.

Queda de manifiesto quien realmente es el soberano y se ha olvidado, o en una posición cómoda o desinteresada por la cosa pública, ha delegado demasiado al gobierno en los diferentes niveles.

Por lo visto los santiagueños han perdido el miedo de salir a la calle a manifestarse, pero históricamente solo cuando el agua le sube al cuello. Cuando en su haber hay muertes dudosas y familias sin trabajo. Cuando pase la cuarentena y logre llegar a fin de mes, ¿el santiagueño recordará los derechos que la Constitución le reconoce? ¿Recordará que cuando se animó a decir lo que le pasa ,y en comunidad con otro que a veces ni siquiera conocía,  se manifestó, el gobernador de turno lo escuchó?

Es un paso importante para la provincia, pero es solo eso, un paso.

Si no nos marcamos a fuego que la defensa de la libertad debe ser permanente, seguiremos dejando escapar el futuro para seguir encogiéndonos en el pasado.

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