Por Santiago González Díaz*
Garret Hardin es el exponente del liberalismo más controvertido que me tocó leer hasta el momento como también, 

uno de los más cuestionados dentro de esta corriente de pensamiento por sus postulados sobre la limitación de la extrema libertad. Si tomamos a la ligera la posición del autor, estaremos leyendo un manual que podríamos calificar de autoritario o insensible.

Hardin nos propone un desafío interesante en su trabajo la tragedia de los comunes, para esta supone la responsabilidad extrema de nuestra vida y con ella el respeto irrestricto de las libertades individuales entre los hombres y mujeres de una sociedad.
Abordemos primero la cuestión de la responsabilidad, que a su modo muy particular, puede llegar a resultar para muchos un tanto extremo.
El mundo ha sido invadido por las teorías keynesianas de asistencialismo, propias del Estado de Bienestar. Latinoamérica avanzó fuertemente en tales criterios políticos, convirtiendo al aparato estatal en un enorme sistema asistencial, donde el Estado ayuda económicamente al ser humano desde la concepción hasta la muerte. A primera vista, podríamos considerar que es un fin noble y que sin tal sistema muchas personas morirían de hambre y no cubrirían sus necesidades básicas.
Sin embargo, la consecuencia lógica de todo ello es la sobre explotación de los recursos limitados del Estado y del entorno en general.
Quienes deben sostener en primer lugar el asistencialismo es la clase trabajadora, justamente aquella que dicen defender los regímenes populistas, los cuales soportan el aumento desmedido de los impuestos para mantener a estos sectores pasivos e improductivos.

Hardin nos propone devolver la responsabilidad a los hombres quitando semejantes ayudas a quienes no cubren con las necesidades de manutención suyas y de sus hijos.
¿Insensible? más bien sería lógico, la población activa se ha vuelto esclava de estas personas, quienes sin recursos tienen incentivos suficientes para aumentar excesivamente la cantidad de miembros de sus familias.
La sobreexplotación de los recursos naturales y económicos principalmente se genera por la falta de cultura de los sectores más carenciados, para quienes recibir del Estado se ha vuelto un modus vivendi.
Buscamos ejemplos, miren al costado, Argentina aumenta incesantemente la asistencias sociales de todo tipo supuestamente propia del modelo Nacional y Popular implementado. Venezuela está a la cabeza de esto, donde las empresas expropiadas forman parte de una banca solidaria sin fines de lucro. Ecuador, sigue estos pasos con mayores políticas asistenciales.
El avance del Constitucionalismo Social generó que las Cartas Magnas fueran modificadas para incluir derechos tales como: vivienda, jubilación, trabajo, protección sindical, salarios mínimos, etc; nuevas funciones del “papá estado”.
Una cuestión económica que plantea el liberalismo es que sin incentivo las personas no producen, pues bien aquí tenemos el incentivo para producir docenas de hijos a los cuales no podemos mantener pero que el “Estado”, mejor dicho los contribuyentes, si lo hará por nosotros. Entramos de esta manera en un círculo vicioso del cual difícilmente escapemos en poco tiempo, las costumbres llevan décadas en ser modificadas.
Es este el planteo de Hardin sobre responsabilidad, la cual inevitablemente va de la mano del respeto a las libertades individuales.
Cuando el autor plantea la necesidad comprender que las libertades tienen un límite se refiere a un límite autoimpuesto por la conciencia y fruto de acuerdos sociales para una mejor convivencia. A raíz de ello emplea el término de coerción mutua; no significa la imposición forzada sino la aceptación de reglas de comunes, es decir, aceptar que mi libertad termina donde inicia la libertad del otro.
En conclusión, Garret Hardin habla con total coherencia con respecto a la libertad humana, en ningún momento la ataca, simplemente plantea al máximo el pilar fundamental sin la cual dicha libertad se volvería libertinaje.
La responsabilidad no puede estar ausente en la vida de cualquier hombre, sin ella seríamos esclavos no solo de un Estado paternalista, sino de nuestras mismas pasiones, incapaces de vivir en armonía social y sin ningún tipo de posibilidad de crecer a partir de nuestras propias capacidades.
A mi entender, Hardin nos propone hacernos cargo de nuestras propias vidas sin buscar pretextos ni cargas tal responsabilidad en espaldas ajenas.

*Miembro del Área de Investigación de Federalismo y Libertad. 

X