Por. Enrique J. Martínez*

La actividad azucarera fue la gran vencedora de la pobreza y la miseria en el noroeste argentino, en el censo industrial de 1895 los ingenios y las destilerías superaban el capital invertido en los molinos, bodegas, curtiembres y otros. Alrededor de los ingenios se construyó la primer escuela, la primer iglesia, el primer hospital, la estación de tren, la comisaría y el club.

Desde la llegada del ferrocarril en 1876 y hasta la primer guerra mundial en 1914 la fabricación de azúcar en Tucumán y las otras provincias productoras estableció una directa relación entre la región noroeste y el puerto, fue la gran protagonista de los ingresos autónomos locales y un gran contribuyente al tesoro nacional. Pero el monocultivo de la caña de azúcar, sin otras actividades económicas de su magnitud para equilibrar los ciclos externos y domésticos, fue el origen de los conflictos.

Los protagonistas del azúcar: productores cañeros e industriales para defenderse organizaron desde fines del siglo XIX la intervención y regulación del estado provincial y nacional a través de leyes y regímenes –Ley del Machete, Laudo Alvear, Régimen Compensatorio y otros -que se actualizaron en el tiempo y con sucesivos gobiernos, intentando conformar a todos y que rara vez se cumplían a pleno, de ahí las crisis cíclicas y sus consecuencias. También fue constante la renovación de las compañías a través de antiguos y nuevos empresarios y el arriendo de las fábricas.

El intervencionismo del estado y los subsidios –a pedido de los operadores- llevó durante 1946 a 1950, a reconocer precios distintos e inversamente proporcionales a la eficiencia demostrada en la producción de azúcar. Durante la presidencia del Dr. Arturo Frondizi se derogó el régimen de los subsidios progresivos y en el mandato del Dr. Arturo Illía se alentó la diversificación a partir de celulosa y papel utilizando el bagazo o fibra de la caña de azúcar; inversión que hoy lidera en el sector celulósico.

Hace medio siglo, en agosto de 1966 luego de una superproducción, la Revolución Argentina por ley intervino siete ingenios, uno había quebrado poco antes, de estos ocho -hoy tres siguen funcionando- y entre enero y agosto de 1967 el gobierno nacional hizo convenios con otros seis ingenios para cesar en su actividad, reajustar sus estructuras o imponerse una pausa y en resumen cerraron once ingenios a los que se agregó otro al final de la década de 1980.

En 1970 se creó la Compañía Nacional Azucarera que operó seis ingenios, una finca cañera y un taller hasta 1980 y le costó a los argentinos US$ 100 millones de entonces, alrededor de 4,3 veces más que continuar pagando a los 5.600 obreros desempleados. Luego se privatizaron los ingenios que salieron a competir frescos con los demás jugadores ya cansados.

El problema fue estructural –el minifundio y el monocultivo- por razones propias y por encima de las leyes, regímenes y subsidios, había almas de carne y hueso que emigraron de su terruño, lo hicieron con el dolor por la falta de trabajo y el desarraigo, Tucumán perdió hijos y población, algunos tuvieron éxito como el cantante Ramón Ortega – luego gobernador- y nacido cerca de un ingenio que cerró.

Las acciones por diversificar la producción, el régimen de trabajos transitorios para atenuar la desocupación, la radicación de empresas y ampliación de las existentes -a través del régimen de promoción- fueron insuficientes para tamaño descalabro. Los estudios estimaron un alto costo de cada nuevo empleo generado, muy por encima de esto, el saldo más favorable fue el cambio de la mentalidad de los dirigentes en una sociedad conmovida por la realidad, que felizmente no compró ni en el campo, ni en la ciudad, ni siquiera por una minoría, el relato setentista de ideas extremas a través de la violencia y de la muerte, que fueron vencidas por la decisión de un gobierno democrático.

De la diversificación agro-industrial surgió la soja, frutillas, paltas, la papa semilla, recientemente el arándano, otros y la ganadería, por encima de ellos sobresalió el cultivo e industrialización del limón, hasta convertir la provincia en el líder mundial en fruta fresca, jugos concentrados, aceites esenciales y cáscara deshidratada, ganando mercados y con la posibilidad inminente de volver a los Estados Unidos, al que se exportó antes con calidad. El limón es lo que es, porque nunca lo intervino el estado, Tucumán aprendió la lección.

La caña de azúcar mantiene sus raíces unidas y enterradas a la provincia, y a su vez, jamás creció tanto la actividad en eficiencia y productividad , como luego de liberarse del estatismo –regulación y controles- en los años noventa del siglo pasado.

Esto se reforzó con la elaboración de alcohol anhidro –biocombustible- a partir de las melazas y también de la caña -en un porcentaje hasta del 12% a mezclar con las naftas de petróleo desde 2016- que mejoró la ecuación del azúcar y la matriz de energía. Así llega Tucumán al Bicentenario de la Independencia con una mejor expectativa, con memoria y mucha esperanza.

 *Miembro del Consejo Asesor Interno de Federalismo y Libertad

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