Bernardo Congote*

En recientes episodios públicos, la Iglesia Católica argentina se ha probado proclive al descuadernamiento kirchnerista. Primero fueron los enojosos actos relacionados con las previas a la votación del aborto, entre ellos haciendo que la gobernadora Vidal se tragara públicamente grandes sapos que, sus venerados (por ser ella católica) obispos, le hicieron engullir en otro escenario público; y, más recientemente, el siniestro espectáculo de Mercedes encabezado por “San Moyano” y el episcopado católico.

Ahora. Todas estas manifestaciones suelen aparecer, curiosamente, arropadas bajo el eufemístico “compromiso de la iglesia con los pobres”. Uno que se ha podido identificar, ni más ni menos, como el compromiso con quienes les pagan limosnas voluminosas. Se trataría, en el fondo, de cuidar las arcas eclesiales, más mal que bien administradas en la gran banca romana y europea.

La hipótesis se fortalecería mostrando el hecho de que los países latinoamericanos catolizados, bastión de la Iglesia Católica, tienden a empobrecerse, inclusive a velocidades mayores que los africanos. Con otras palabras, si el compromiso de la Iglesia romana fuera contra la pobreza, Latinoamérica sería una región próspera. Pero…

Ahora queda por responder la pregunta de fondo: ¿cuál puede ser el compromiso de la iglesia con los delincuentes y sus cómplices? Algunos de los primeros, ciertamente no aparecen en los eventos públicos porque están encarcelados; pero otros se encuentran con causas abiertas cuyo cierre depende, según las curiosas peculiaridades argentinas, de decisiones puramente políticas. Sin razones por las cuales estos sujetos y sujetas aparecen en público y sin reato alguno, sea bendecidos sea acogidos bajo las sospechosas sotanas episcopales.

A esa pregunta le propongo dos respuestas: la primera de orden teológico y la segunda de orden pragmático. Teológicamente está probado que el cristianismo halló una veta entre la pobrería habitante de Roma y sus alrededores. Es peor todavía. Se sabe que los sicarios fueron el invento cristiano para hacerse, presuntamente, justicia por propia mano matando a ricos romanos.

Si lo anterior no bastara, el propio Cristo, se hizo crucificar acompañado de dos ladrones. “Asimismo los bandidos que estaban con él le ultrajaban”, escribe el texto de Mateo 27:44. Prometiéndole además a uno de ellos que “En verdad hoy estarás conmigo en el paraíso”. De esta forma se entiende que, para la Iglesia Católica, la compañía de los ladrones se encuentra atada a su más prístino talante crístico.

La respuesta pragmática se cae de su peso. El confesionario ha sido y sigue siendo una fuente de verdades sociales. Y los delincuentes acuden casi siempre, primero al confesionario, y luego al juez (si es que caen presos). Razón por la cual el confesor, dícese que, obligado a guardar el secreto de la confesión, civilmente se convierte en cómplice fáctico del delito, así el Derecho Canónico le disfrace como guardián de la verdad humana.

La complicidad entre el delincuente confeso y el sacerdote confesor, civilmente insisto, es inocultable. Complicidad históricamente amparada por la impunidad que el Estado Vaticano ha negociado con sus Estados católicos asociados mediante Concordatos, todavía hoy sin que conozcamos cuentas públicas al respecto. De manera que la suma de silencio + complicidad + impunidad, una que otra vez habría de generar entre ambas instituciones (Iglesia y Delincuencia), el pago de una que otra apreciable coima.

Por ahora, la Argentina, estaría a punto de hallar propia de la lógica de los negocios amparados en la ley de la omertá que Cristina habría estado dispuesta a pagarle a cierto arzobispo por guardarle, en bóvedas adecuadamente dispuestas para ello, una suma aproximada de entre 8-9 millones de dólares sumisamente cargados por su servidor López a una hora temprana de cierta madrugada…

¿De qué podríamos entonces sorprendernos? ¿No sería lógico esperar como un próximo y grande proyecto vaticano para la Argentina, que Francisco le envíe desde Roma, muy bien conservada en un bolso cargado por el apóstol Grabois, la elevación al santoral de “San Moyano de los camiones” y su pareja “Santa Cristina de los conventos”?

Para la FYL-Argentina desde Bogotá, Colombia, octubre 28 2018

*Profesor universitario colombiano y miembro del Consejo Internacional de la Fundación Federalismo y Libertad (FYL), Argentina.

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