El jueves 17 de junio, el Centro de Investigaciones Tucumán (CIT) de la Fundación Federalismo y Libertad, con el apoyo de la Fundación Friedrich Naumann, realizó la primera edición del Ciclo de charlas de “Temas fundamentales de la historia de Tucumán”. 

El Ciclo de Charlas de temas fundamentales de la Historia de Tucumán,  tiene la intención de aportar, desde la sociedad civil, a la construcción de un espacio de reflexión histórica que ayude a pensar el presente y futuro de Tucumán desde una comprensión y explicación rigurosa de su pasado. A su vez, esta actividad tiene por objetivo revalorizar el pensamiento y el conocimiento histórico como una herramienta fundamental para estimular una conversación pública abierta y plural, acorde con la cultura democrática que muchos y muchas aspiramos a consolidar.

En este sentido, a través del tratamiento de algunos temas fundamentales de la historia de Tucumán del siglo XIX y XX, se busca mostrar los vínculos de la historia provincial con la historia “nacional y mundial” y la existencia de diversas perspectivas que explican y analizan esos procesos históricos; recordando y valorando que todas esas explicaciones son válidas, legítimas y útiles, para construir explicaciones más complejas y profundas que pueden contribuir a un diálogo productivo y respetuoso.

La primera edición estuvo a cargo de Alejandro Morea, doctor en Historia, docente en la UNDMP e Investigador del CONICET,  autor de “El Ejército de la Revolución”. La moderación del panel estuvo a cargo de Carlos Segura, profesor de la Universidad Torcuato Di Tella. 

Morea disertó sobre la pregunta “¿Fue Tucumán un espacio clave en la guerra de la Independencia?”. Al empezar la exposición habló de la necesidad de “repensar la guerra”; es decir, considerando a esta última no simplemente como un hecho físico y violento, sino también como un proceso histórico que es necesario estudiar en clave política y social. 

Morea al analizar específicamente el inicio de la guerra revolucionaria, sostuvo que “La Primera Junta, luego de la revolución de 1810, cuando percibe que el reconocimiento de su autoridad podría ser desafiada, organizó expediciones militares para expandir y asegurar la Revolución. Esto da origen a guerras “civiles”, no guerras de carácter imperialistas”. 

Por otro lado, también explicó que “Luego de la declaración de Independencia, en 1816, el ejército va a acantonarse en San Miguel de tucuman, y va a cambiar su estrategia de intervención militar y política, ya que va a intervenir hacia el interior del proceso revolucionario, garantizando su orden, para cuestionar desde adentro, a quienes simultáneamente cuestionaban el orden de la revolución”.

En este sentido, Morea concibe a los miembros del ejército no como reaccionarios al nuevo orden revolucionario, sino como agentes que intentaban procurar que ese proyecto, tuviera una respuesta política ante los desafíos que enfrentaba el gobierno revolucionario en esos años. Por ello, asegura que ese ejército fue, efectivamente, “el ejército de la revolución”, ya que fue clave para el proyecto político que se construyó en y desde Buenos Aires para el resto del territorio del ex Virreinato del Río de la Plata desde 1810 hasta el fin de la década.

A su vez, el historiador también resaltó el papel económico y social que cumplió el ejército, especialmente en Tucumán, ya sea como agente dinamizador o destructor de la economía y como facilitador del ascenso social y político a través de los lazos sociales y matrimoniales que sus oficiales entablaron con las hijas de las élites de la región.

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