Por Alejandro Gómez*

Un 19 de octubre, hace justo cien años, fallecía Julio Argentino Roca, hombre decisivo de la República Argentina a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Nacido en la Provincia de Tucumán el 17 de julio de 1843, fue para muchos quien llevara a los hechos la ideas que otro tucumano, Juan Bautista Alberdi, pusiera por escrito en sus Bases. Podríamos decir que estos dos tucumanos se complementaron a la perfección. Alberdi imaginó un país, Roca lo hizo posible. De hecho, Alberdi en las Bases hablaba de la transición de una República posible a una República verdadera. Para ello era necesario consolidar la organización nacional, con una autoridad fuerte que tuviera poder efectivo en todo el país, que promoviera la inmigración y la llegada de capitales para generar el progreso económico y social del país.

Estas ideas que Alberdi expresaba en 1852, se fueron abriendo paso lentamente, hasta que en 1880 toman un mayor impulso con la llegada de Julio Roca a la Presidencia. A diferencia de Alberdi, Roca era un hombre de acción y práctico, poco apegado a las especulaciones teóricas. De hecho, lo que se conoce de sus ideas está expresado en los discursos que dio como presidente entre 1880-1886 y 1898-1904. Roca fue quien definitivamente nacionalizó la primera magistratura del país. Su llegada al poder de la mano de la Liga de los Gobernadores, junto a la Federalización de la Ciudad de Buenos Aires, fue lo que posibilitó establecer una seguridad jurídica y un orden social y político que fueron claves a la hora de analizar el espectacular crecimiento económico que experimentó el país durante el período en que fue presidente.

Roca fue el hombre justo en el momento justo. Ya como Ministro de Guerra de Nicolás Avellaneda (otro tucumano) llevó adelante la Conquista del Desierto con la cual se conformó la actual geografía del país. Esta incorporación de tierras, junto al ferrocarril y el aluvión migratorio, impulsó el cambio profundo del sistema productivo del país, el cual iría progresando hasta convertirse en una de las primeras diez primeras economías del mundo hacia 1910. Para que este progreso fuera posible, Roca sabía que el orden era una condición fundamental, y así lo puso claro en su lema de gobierno “Paz y Administración”. El país debía dejar atrás los conflictos internos de una vez por todas para dedicarse a producir y crecer. Él lo sabía y lo pudo aplicar, impulsando una serie medidas que favorecerían un crecimiento sustentable a largo plazo. Tras la Federalización de Buenos Aires, siguió la unificación monetaria con la ley de 1881, el tratado de límites con Chile, la supresión de las milicias provinciales, la creación del Registro Civil en 1882 y la sanción de la ley 1420 de educación primaria, gratuita, obligatoria y laica en 1884.

Así la Argentina se convirtió en un país agro exportador de primer nivel. La incorporación de tierras, permitió el desplazamiento del ganado lanar, que hasta ese momento ocupaba las tierras más fértiles que estaban cerca del puerto, hacia el más lejano sur. Para esto también fue necesaria la incorporación de miles de kilómetros de ferrocarril que abaratarían el costo del transporte, al tiempo que extendía la frontera de explotación productiva a regiones que antes no eran competitivas, ya que el alto costo del transporte hacía que los productos que podían producir no fueran económicamente viables porque al llegar al puerto de Buenos Aires o Rosario sus precios se incrementaban notablemente. Esto permitió que las regiones alejadas ahora se integraran a la economía mundial. Además, el desarrollo de la industria frigorífica impulsó la incorporación de ganado vacuno que se destinaría a la exportación de carne, primero congelada y luego enfriada. Para ello se criaba a los animales en zonas alejadas que luego transportados en ferrocarril eran traídos a tierras de engorde para, finalmente, ser faenados en los frigoríficos y luego exportarlos a Europa.

Estos cambios, permitieron que las tierras más fértiles quedaran disponibles para la agricultura, actividad que recién empezaba a tomar impulso en el país. Esta actividad demanda una gran cantidad de mano de obra, la cual sería cubierta por los cientos de miles de inmigrantes que comenzarían a llegar desde 1880 en adelante. Así gracias al sistema de colonias agrícolas, éstos comenzaron a trabajar la tierra, especialmente en la Provincia de Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba. El sistema de colonización permitía que las tierras, hasta ese momento improductivas en manos del Estado, fueran vendidas a un precio más económico a los colonizadores que debían encargarse de dividirla en parcelas, traer a los colonos desde Europa y facilitarles las herramientas y las semillas. Así se formaba una sociedad entre colonizador y colono, en la que compartían el riesgo. Si la cosecha era exitosa se repartía el ingreso en mitades iguales; si fracasaba, el colonizador perdía su inversión y el colono el trabajo que había insumido su tarea. Este sistema permitió que en pocos años el país se convirtiera en unos de los principales proveedores de alimentos para la creciente población mundial de comienzos del siglo XX.

Algunas cifras permiten ilustrar lo que implicaron todos estos cambios impulsados desde 1880 en adelante. La población pasó de 2,4 millones en 1880 a 3,6 en 1890, 4,6 en 1900 y 6,9 millones en 1910. En cuanto a la producción agrícola, para el período 1888-1914, el área sembrada de trigo crece de 815.000 a 6.600.000 hectáreas y la de maíz de 800.000 a 3.900.000. Esto tiene su correlación con la creación de colonias agrícolas, que pasan de 13 en 1870 a 117 en 1891. Por su parte, el stock ganadero pasó de 14 millones en 1875, cabezas entre ovinos y vacunos, a 21, 5 en 1895 y 25,8 millones en 1914. Todo esto fue transportado por una red de ferrocarriles que crecía al mismo tiempo, pasando de 2.500 km en 1880 a 14.000 km en 1896, llegando a cerca de 34.000 para 1916, pasando de transportar 800.000 a 35.700.000 toneladas.

Por último, quisiera comentar en estas breves líneas que la industria también se comenzó a desarrollar activamente en este período, ya que el aumento de la población implicó un crecimiento del mercado interno que pasó a ser abastecido localmente, sobre todo en aquellos ramos relacionados con los alimentos, la vestimenta, la construcción, el transporte y las imprentas. Eso queda reflejado en el surgimiento de cámaras empresariales, sindicatos y el crecimiento que experimentó la Bolsa de Comercio de Buenos Aires.

Si bien Roca no fue el único responsable de todo este crecimiento, sí fue uno de los puntales del mismo a lo largo de sus dos períodos presidenciales (1880-86 y 1898-1904). Fue un político activo y un líder que supo, como pocos, poner en marcha y sostener el proyecto constitucional de 1853. Incluso cuando ya expiraba su segundo mandato, y el país había cambiado notablemente, promovió cambios que contemplaban la condición de los trabajadores como ser el proyecto de Código de Trabajo redactado por Joaquín V. González, su Ministro del Interior, y los reportes del Departamento Nacional del Trabajo creado en 1904, conocidos con el nombre de Informe Bialet Massé.

*Es miembro del Concejo Académico de Federalismo y Libertad

Fuente: Infobae 

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