Por Enrique J. Martinez*

Los argentinos demuestran una capacidad constante para destruir y malversar, deshaciendo y arruinando una formidable red ferroviaria desde -la nacionalización en 1946 del peronismo, cuando existían doce compañías privadas, seis de la nación y una de la provincia de Buenos Aires- hasta el lamentable estado actual de los trenes, que fueron un medio de civilización y progreso para integrar un extenso territorio.
Luego en 1946 la estatización del Banco Central –era mixto privado y estatal- privó del crédito muchos años al campo, la industria y los servicios, y la nacionalización del comercio de granos a través del IAPI que afectó la participación argentina en el comercio global. La compra del estado argentino de las acciones de la Unión Telefónica de la ITT de EE.UU también tuvo un resultado desastroso. A su vez la intervención del estado en el petróleo y el gas – fue un permanente drenaje de divisas- hasta que se logró el autoabastecimiento en 1963 con los contratos petroleros, luego anulados. Ahora en 2013con esta política de energía: se importa combustibles.
En la década de los noventa y luego de tantos fracasos y desastres, otro gobierno peronista, en un bandazo hacia las ideas vigentes en el mundo: privatiza y desregula; por unos años los argentinos se imaginaron con volver al primer mundo. Pero fue solo presumir y conjeturar, se supuso mal, que con dos a tres acciones – sin convencimiento, persuación, ni creencia- se podía volver al camino, que jamás la Argentina debió abandonar.
Sin convicción de lo que se hacia, y por ese aforismo que el estado es corrupto al entrar y salir de la actividad privada -porque también violenta y empobrece – hubo un mal uso de buenas ideas, y se actuó mal porque se aplicaron de un modo distinto al que conduce al buen objetivo.
Algunas decisiones acertadas como la jubilación privada, pudieron haber sido corregidas en sus gastos y comisiones, pero el nuevo bandaso de la nacionalización en el tercer milenio, se llevó para siempre los ahorros de la gente.
Los sistemas de libertad, propiedad privada, derechos y garantías solo pueden imponer su dominio con éxito, cuando se instalan en un orden más amplio definido por las fuerzas morales y políticas. Nunca por debilidades y vicios, aun sin superar y que para peor, se han acentuado.-

*Miembro del Consejo Consultivo de Federalismo y Libertad. 

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