The Use of Knowledge in Society

The Use of Knowledge in Society

Revisión de paper

Agustin Alejandro, Shehadi Candela

I

Esta sección del paper Hayek hace énfasis a los conceptos que usualmente se tratan en el campo económico respecto al conocimiento. Refiere explícitamente que los supuestos comunes que se hacen detrás del conocimiento de los individuos contienen la respuesta a la pregunta acerca de la asignación correcta de recursos implícita dentro de los supuestos mismos de la pregunta. Concluye que dado sea el caso, el problema económico se reduce meramente a una cuestión lógica-deductiva; caso que difiere enfáticamente a la realidad de la sociedad. Argumenta que la razón de esto es que los datos por los que comienza el cálculo económico nunca están “dados” de forma íntegra para la sociedad como un todo a través de una sola persona cuyo objetivo es realizar dichos cálculos. En otras palabras, argumenta que el conocimiento de las circunstancias precisas para el cálculo económico nunca existe de forma concentrada e integrada, sino bien de forma dispersa e/u incompleta. Concluye que el problema debe replantearse: en lugar de preguntarse cuál es la mejor asignación de los recursos escasos, la interrogante debería ser como garantizar su mejor uso dado los conocimientos dispersos e incompletos. O puesto diferente, el problema se reduce a la utilización de conocimiento no dado para nadie en su totalidad.

II

En esta sección, el autor ataca el concepto del “planificador central”, este definido como aquel agente benevolente en una economía, encargado de interrelacionar decisiones complejas con el fin de asignar recursos escasos. Hayek aquí remarca el hecho de que, en dicho caso, el planificador habría de ser una persona con la capacidad de sintetizar el conocimiento disperso de toda la sociedad, conocimiento que ni la sociedad misma posee sino en forma atomística e incluso de forma incompleta; para poder así hacer uso de dicho conocimiento para la aplicación de políticas públicas. El argumento del autor converge a que el problema está directamente conectado a quién debería ser este planificador, no si la planificación ha de hacerse o no. Más concretamente,
refiere a que la disputa se resume a si la planificación tiene que ser hecha centralizada o dividida entre muchos individuos. En otras palabras, planificación central versus competencia. Sobre este punto centrará la discusión que desarrolla en el resto del artículo.

III

Aquí, el autor explica en detalle su punto. Refiere a que la postura en la discusión será diferente respecto a los diferentes tipos de conocimiento y a la forma en la que dicho conocimiento se utiliza. En otras palabras, refiere a que puede ser admitido que, en tanto que el conocimiento científico es concebido, un grupo de expertos capacitados pueden estar en mejor posición de comandar todo el conocimiento disponible. Pero, argumenta que incluso asumiendo que puede resolverse el problema de esta forma, es solamente una pequeña parte del problema en sí. Se explica exponiendo que un cuerpo de muy importante, aunque desorganizada, información no se puede llamar científica en el sentido de reglas generales. Respecto a eso refiere a que prácticamente todo individuo tiene alguna ventaja por sobre otro respecto a su conocimiento, ventaja que le genera beneficio en el uso de esa información. Este último punto es central porque denota la generación de incentivos a la cooperación entre individuos; puesto en otros términos, la desinformación de uno se cubre con la información de otro, generando de esta forma un beneficio proveniente de la interacción.

IV

En esta sección, Hayek se adentra en la discusión entre los partidarios de la planificación centralizada y el punto que él desarrolla en su trabajo. Pone especial foco en los supuestos, muchas veces implícitos, que se tienen respecto a las políticas de planificación de largo plazo. Más en concreto, explica que esta creencia de que las variaciones pequeñas en el tiempo se tornan menos importantes frente a las políticas económicas longevas, es asumir de igual manera que los problemas económicos en sí tienen menos importancia. Para explicarse pone de ejemplo el caso de la industria, que por más que los procesos productivos son, dentro de los márgenes, “mecánicos”, el proceso de mantener los costos en mínimo demanda un constante esfuerzo y consumo de energía por parte del administrador de la firma. Dicho de otra forma, incluso una gran y mecanizada empresa, se mantiene operando en un ambiente cuyas necesidades están sujetas constantemente a cambios inesperados que demandan adaptación.

V

En esta parte el autor continúa con el punto comenzado en la sección anterior. Aquí propone su punto postulando que las decisiones ultimas deben ser dejadas a las personas que están familiarizadas con dichas circunstancias, lo que refiere a que no podemos esperar que el problema puede ser resuelto comunicando todo el conocimiento a un coordinador centralizado, con el fin de que éste integre dicho conocimiento. Argumenta, de nuevo, que el problema tiene que ser resuelto de forma descentralizada, siendo esta forma la única que asegura que el conocimiento de todas las circunstancias particulares, de todo tiempo y lugar, puede ser correctamente tratado. Consecuentemente concluye que en estas conexiones de circunstancias es donde nace el sistema de precios, mecanismo que es el encargado de sintetizar toda la información desagregada en interacciones individuales, y que emerge como solución eficiente al problema económico. Concluye finalmente que el mero hecho de que exista un precio para cada bien nos otorga la solución que habría sido alcanzada por una sola mente poseedora de toda la información dispersa en toda la sociedad involucrada en cada proceso.

VI

En esta sección, Hayek ahonda más profundo en la definición del sistema de precios, proponiendo que el mismo debe ser visto como un mecanismo de comunicación de información si se quiere entender su función real. Argumenta que el aspecto más significante de este sistema es el ahorro de conocimiento que necesita para operar, dicho en otras palabras, la poca información que necesita un participante individual para poder tomar la acción correcta. Para ejemplificar utiliza la metáfora de una maquinaria, la cual registra los cambios en comportamientos y los refleja en forma de cambios en la estructura de precios. Concluye esta parte diciendo que el sistema de precios es solo una de esas formaciones que el hombre aprendió a usar después de haberlo encontrado sin comprenderlo. A través de ella, no solo fue posible la división del trabajo, sino también una utilización coordinada de recursos basada en un
conocimiento igualmente dividido.

VII

Esta sección representa el cierre del paper, y comienza postulando que la tesis de que sin el sistema de precios no podríamos preservar una sociedad basada en tan extensa división de trabajo como la nuestra, ha llegado a ser tomada como independiente al sentido político, y que esto ha dado lugar a una atmósfera mucho más propicia para la discusión razonable del tema. El autor desarrolla en las últimas líneas una crítica al punto de vista del profesor Joseph Schumpeter, en la cual éste último argumenta que “la posibilidad de un cálculo racional en ausencia de mercados para los factores de producción procede de la proposición elemental de que los consumidores valúan ipso facto dichos factores en el momento que valoran los productos finales”. Hayek ante esta afirmación argumenta que Schumpeter sugiere más bien que hay algo fundamentalmente erróneo en un enfoque que habitualmente ignora una parte esencial de los fenómenos con los que tenemos que lidiar: la imperfección inevitable del conocimiento del hombre se comunica y adquiere constantemente.

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