Los dolores estratégicos de Bergoglio

Por Bernardo Congote[i].

Corría la última semana de enero 2005. El entonces primado argentino había calificado como “blasfema”, a la que tal vez vino a ser la última muestra artística del maestro León Ferrari en Argentina. El siguiente 29 de enero, el artista, sofocado por diversas amenazas provenientes del fanatismo católico decidió cerrar anticipadamente su muestra. Al día siguiente fueron reproducidas declaraciones del entonces cardenal Bergoglio, según las cuales estaba “… muy dolido por la blasfemia que es (sic) perpetrada (sic) en … Recoleta”[ii]. El relato se ve robustecido gracias a Sebreli, para quien “(…) el padre Jorge ‘fue un reaccionario sin matices’ (recordando) el hostigamiento que lanzó contra León Ferrari, por su obra Cristo crucificado, que Bergoglio calificaba de blasfema”[iii].

Por aquel entonces el dolor del cardenal, traducido en violencia sectaria, se impuso al valor crítico del emblemático artista. ¿En qué habría consistido la presuntamente dolorosa blasfemia? ¿Acaso en la exposición crítica de “La Virgen y el Niño”, “Licuadora” o de “Releitura da Biblia”? De pronto no. A Bergoglio le habría dolido más el contenido político de una muestra que ofrecía pruebas fotográficas, de cómo compartieron durante los años 70 los obispos católicos y la cúpula militar, cuando ésta, si hay dudas, se auto consagraba como “teóloga de la nacionalidad”[iv].  Bergoglio le habría cobrado a Ferrari, además, haber escrito años atrás: “Echaré un cucharón de (sangre) en la pila de agua bendita que mojó los dedos de Videla en la Catedral, y en las de las 110 capillas donde capellanes confortaban a oficiales arrodillados en confesionarios, para marcarlos en la frente y en el pecho al persignarse con cuatro manchas rojas, extremos de la cruz de (quienes asistían) a los suplicios del ESMA… “[v]. Conviene que recordar que, en 1976, Ferrari fue forzado al exilio “por razones políticas”[vi].

Ahora. Aquello que le dolía al cardenal ¿es lo mismo que hoy le duele al papa? Por supuesto que sí. Siempre les ha disgustado al cardenalato y al papado romanos, que algún pensante demuestre cómo la catolicidad ha sido un movimiento terrenal que, agazapado en paradigmas teosóficos improbables, se ha fortalecido como poder político, económico, y militar[vii]. De allí que sea probable que el Papa Bergoglio hubiera padecido fuertes dolores cuando la oposición marcó al futuro gobierno de Cambiemos, como el que iba a dejar abandonados a los pobres de la Argentina. Este dolor eclesial, es sólo político. En la medida en que la pobrecía se mantenga sostenida con subsidios, limosnas o ayudas, la muy rica iglesia de los pobres garantiza sus dominios sin poner un solo peso sobre la mesa. La iglesia de los pobres se nutre de la pobreza. Por ello que la táctica del papa para la Argentina se ha concentrado en garantizar que Macri le sostenga viva su masa crítica villera, impulsando subsidios pagados con impuestos de todos los argentinos, católicos o no. La doctrina social de la Iglesia, la misma del ayer cardenal y hoy papa, está concentrada en el cuidado de los pobres ¡para que se mantengan pobres![viii]

Sebreli vuelve a acertar a este respecto. Retomando la nota de Fernández, éste destaca que el filósofo “(…) se detiene en la ‘teología de la pobreza’, que el papa Francisco ha convertido en su celebrada política oficial”[ix]. Para más adelante, enfatizar en que “(…) La prédica del Papa no reconoce el Estado de bienestar de las democracias republicanas (…) sino a organizaciones sociales, cuya consigna es ‘imitar al pobre’ y cuya especialidad consiste en gerenciar la dádiva”.

A la Iglesia siempre le ha dolido toda posibilidad progreso. No en vano la famosa encíclica Populorum Progressio, producto del eufemísticamente llamado “modernizador” Concilio Vaticano II, se ha probado, paradójicamente, como el gran soporte ideológico eclesial en contra del progreso de nuestros pueblos. Por estas razones la iglesia argentina aparece favorecedora del peronismo, antier[x], de la dictadura de los 70 ayer y hoy, cómplice silenciosa del funesto pasado y la violencia callejera al tiempo que funge, falaz, como heroína de los pobres. Analizando a Sebreli, Fernández ratifica que para el papa “(…) La alternativa parece ser un populismo religioso que sospecha del progreso; con liderazgos carismáticos y con un rasgo curiosamente antiintelectual”[xi].

¿Qué impactos ha tenido este populismo religioso ahora? Por un lado, ha logrado que Macri apropie y sostenga el empleo de ingentes recursos públicos que, hundiendo el déficit fiscal, ofrecen subsidios tapando, inexplicablemente, cómo ese desangre presupuestal distrae recursos que bien podrían dedicarse al ascenso de los pobres hacia una clase media auto suficiente. En suma, las limosnas que logra el populista Bergoglio por parte del gobierno le quitan recursos a la educación, la salud y el trabajo de calidad para mantener al pueblo atado a la ignorancia, la enfermedad y al trabajo negro, condiciones sine qua non para mantener abarrotadas las iglesias y boyantes las dádivas que transitan hacia Roma. Confirmando lo que bien advirtió hace poco el propio Sebreli, “(…) Aplicar una buena política económica es dificilísimo en la Argentina porque es una sociedad populista (…) Un país no es viable con trabajadores y empresarios subsidiados”[xii].

A Bergoglio sí que le duele, también, la posibilidad de que en Argentina se consolide la democracia. La iglesia católica es, de iure y de facto, una dictadura: sus candidatos son seleccionados a oscuras y sus elecciones son secretas; también lo son sus programas de gobierno y su línea diplomática; el manejo de sus riquezas es reconocido por manipulaciones dudosas; y ninguno de los fieles católicos toma una sola decisión en el gobierno eclesial[xiii]. Por ello que la profunda herida que Cambiemos promete abrirle a la iglesia populista de Bergoglio, es ¡profundizar la República! A un régimen autoritario como el vaticano, no le conviene que una nación emblemática como la Argentina se esté restaurando democráticamente. No pertenece al ADN católico admitir la posibilidad del diálogo, de la negociación inter partidista, del surgimiento de nuevas corrientes, el fortalecimiento de la participación ciudadana o la guarda de los derechos humanos.

La democratización argentina atenta contra la pervivencia del aparato católico, sobre todo ahora cuando dirigido por un argentino. Mirando allende las fronteras, el papa romano está buscando que, con recursos argentinos, la catolicidad global no se ponga en riesgo. La pérdida de fuerza del catolicismo en Argentina atentaría contra el proyecto global vaticano. Al elegir un papa argentino la iglesia quiso cerrar su propio arco contra algún autogol que proviniera de su propio país. Unos y otros de los anteriores argumentos contribuirían a explicar, por ejemplo, por qué caminan orondos por los salones de Bergoglio en Roma, todo tipo de personajes desafectos al gobierno de Macri, llámense Salas, de Bonafinis o Sciolis. O por qué Macri fue recibido allí y sigue siendo mal tratado con cajas destempladas. Y explicaría también por qué el papa se pasea por Colombia, Perú o Chile sin aterrizar todavía en Argentina. El momento no ha llegado, tal vez, agazapado a la espera de las elecciones del 2019.

Ponderando lo anterior, podría ocurrir que lo que Zanatta calificó hace unos meses como el mito de la nación católica argentina, al contrario, sería una cruda realidad cosida a su historia política. Confirmando de paso, el citado académico, que “Francisco es coherente con lo que Bergoglio ha cultivado siempre… (de modo que) con Macri en el gobierno… Bergoglio deja traslucir su malestar evidente sobre la fractura que se ha abierto entre el pueblo soberano y el pueblo de Dios”[xiv]. Fractura explicable porque la democracia empodera al pueblo y debilita aquella supuesta “divinidad” manipulable. León Ferrari, entre otros, fue uno de los que develó cómo ciertas precariedades de la historia republicana de Argentina, habrían sido diseñadas en función de la estrategia política católica. Su obra desnudó qué tanto la iglesia habría alimentado los proyectos violentos, autoritarios o populistas que todavía hoy bloquean la consolidación de la República. A la iglesia no le conviene el ascenso de los pobres hacia el estatus de clases medias educadas, saludables y trabajadoras. Todo porque una clase media robusta es la base de democrática de una república. El triunfo de la democracia o el de su par, la prosperidad social, en Argentina sería una grave derrota para la iglesia de Bergoglio y está haciendo todo lo posible por impedirlo.

 

[i] Maestría Ciencia Política, Universidad de los Andes, Colombia. Economista, Universidad Nacional de Colombia. Profesor de Planta, Universidad Antonio Nariño, Colombia. Consejero Internacional del Centro de Estudios Federalismo y Libertad (www.federalismoylibertad.org). colombiamada@hotmail.com / www.bernardocongote.com

[ii] Diario Clarín. (2005). “Con un aplauso al artista, cerraron la retrospectiva de Ferrari”. Buenos Aires: Edición de enero 30, página 46.

[iii] Fernández, J. (2018). “El intelectual que pone en jaque a Bergoglio”. Buenos Aires: Diario La Nación: enero 10 2018. (Nota entre paréntesis, de este artículo).

[iv] Di Stefano, R. y Zanatta. L. (2000). Historia de la Iglesia argentina. Buenos Aires: Grijalbo, páginas 544. Ver anteriores y siguientes.

[v] Ídem., página 321. (Paréntesis del artículo).

[vi] Ferrari, L. (2004). León Ferrari. Retrospectiva Obras 1954-2004. Buenos Aires: Centro Cultural Recoleta, página 145.

[vii] Congote, B. (2010). La Iglesia (agazapada) en la violencia política. Charleston, EU: Disponible en www.amazon.com (Páginas 87-184).

[viii] Congote, B. (2008). “La pobreza: ¿Comodín político del Vaticano? Bogotá: Le monde diplomatique/el diplo, Edición Colombia No. 73, Disponible en www.eldiplo.info

[ix] Fernández, J. (Cit.).

[x] Di Stefano, R. y Zanatta. L. (Cit. Páginas 537 y siguientes).

[xi] Fernández, J. (Cit.).

[xii] Sebreli, J. (2018). “Si se pierde esta oportunidad, vuelve seguro el populismo más acérrimo”. Buenos Aires: Diario La Nación, Entrevista enero 14 2018.

[xiii] Congote, B. (2010. Cit. Páginas 87-112).

[xiv] Zanatta, L. (2016). “El mito de la nación católica argentina”. Buenos Aires: La Nación, junio 12 2016, Disponible en www.lanacion.com (Nota entre paréntesis, del presente artículo).

 

 

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