Decadencia económica y preferencias electorales.

Por Alejandro Sala

La amplia mayoría de los argentinos rechaza la vigencia de la economía de mercado. Ese es el factor que explica, en última instancia, la decadencia persistente y los elevados índices de pobreza que se aprecian en nuestro país.

 

La relación entre el rechazo popular a la economía de mercado, y la mala situación general del país y la baja calidad de vida de la población, radica en que, como la economía de mercado es impopular, los partidos que ganan elecciones sostienen posiciones contrarias al libre mercado. Y como los sistemas basados en la planificación estatal no son eficientes para asignar los recursos económicos, el resultado es la decadencia y la pobreza. Para que la situación cambie, sería necesario que las elecciones sean ganadas por partidos que defiendan la economía de mercado. Pero para que eso suceda, la gente tendría que creer que el libre mercado es un sistema apropiado para promover el progreso y el bienestar.

 

La deducción que extraemos de todo este análisis es que el núcleo de la decadencia y la pobreza argentinas está en la ideología predominante. De lo cual se desprende que, para encontrar la senda de la prosperidad, debería invertirse la creencia de que la economía de mercado es un sistema contrario al progreso de la sociedad y al bienestar de sus integrantes. Evidentemente, si la gente comprendiera que la prosperidad está vinculada con la aplicación de un sistema basado en los principios del mercado, votaría a partidos que defiendan a la economía libre y esa sería la política que los gobiernos aplicarían. Los votantes no se inclinan por partidos propensos al dirigismo porque deseen que la economía colapse, sino porque creen que de ese modo la situación general de la nación y de sus habitantes mejorará. Esta es, naturalmente, una creencia equivocada, pero no está escrito en ningún lado que las mayorías electorales tengan que tener preferencias acertadas.

 

La conclusión a la que llegamos, finalmente, es que no hay margen para tener una visión optimista respecto del futuro del país dentro de un plazo previsible. No se vislumbra la posibilidad de que se produzca un vuelco en las preferencias de la ciudadanía en relación a la orientación de la economía. Es lamentable tener que decir esto, pero tampoco es posible negar la realidad. Por lo demás, siempre es conveniente clarificar las causas de los problemas con el propósito de poder actuar eficazmente para intentar resolverlos. La pregunta que surge, a partir de estas consideraciones, es si hay margen como para esperar que la situación cambie en algún momento.

 

Es impensable que se produzca un cambio abrupto y repentino. Menos utópico es, en cambio, que comience, en algún momento, a producirse algún tipo de evolución en ciertos segmentos minoritarios de la población que permitan, al menos, que alguna corriente que exprese a la economía de mercado tenga cierta representación marginal en algunos cuerpos deliberativos, quizá particularmente en la Cámara de Diputados de la Nación. Si algo así sucediera, el liberalismo podría llegar a cumplir, dentro de un tiempo no tan lejano, un papel moderador dentro de la dinámica política del país.

 

Sería seguramente excesivo esperar que algo así ocurra antes de las elecciones de 2015. Pero hay síntomas, que se apreciaron en el resultado de las elecciones de 2013, de que nuestro país está volcándose hacia posturas moderadas, que probablemente tiendan a acentuarse una vez que el ciclo kirchnerista, con todas sus desmesuras, haya concluido. En ese contexto, cabe conjeturar que la posibilidad de que una voz liberal comience a hacerse escuchar, podría aparecer. No hay certeza alguna de que así vaya a suceder, pero está dentro de lo posible que sobrevengan, al menos, mejores oportunidades que las que hubo durante los últimos doce años. En un contexto político menos beligerante y más dialoguista, una corriente basada en la argumentación racional, como la economía de mercado, tiene más posibilidades de encontrar cabida en la vida política.

 

Por el momento, esta evaluación no es más que una especulación, aunque basada, naturalmente, en consideraciones que cuentan con una cierta consistencia. El desarrollo de los acontecimientos pondrá de manifiesto si la hipótesis aquí consignada se confirma, o aparecen obstáculos imprevistos que tornan impracticable un desembarco liberal en el escenario político.

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